Para qué sirve la manta de viaje
La manta de viaje tiene tres funciones principales: protección física (amortigua los golpes contra las paredes del remolque en frenadas o curvas bruscas, y protege el pelo y la piel si el caballo se frota por estrés), regulación térmica (mantiene la temperatura corporal del caballo durante el viaje, especialmente importante en invierno cuando el caballo sale acalorado del trabajo y puede enfriarse en el remolque), y protección frente al polvo y la suciedad (especialmente relevante para caballos que van a competición y necesitan llegar con el pelo limpio).
Gramajes y tipos de manta de viaje
Las mantas de viaje se fabrican en distintos gramajes según la temperatura para la que están diseñadas: mantas ligeras o sin relleno (0 g) para días templados o para caballos que viajan ya calientes tras el trabajo, mantas de 100-200 g de relleno para temperaturas entre 5 y 15°C, y mantas de 300-400 g para invierno o para viajes largos en condiciones frías. El material exterior suele ser de nylon o poliéster resistente al agua y a los roces; el forro interior de forro polar o satén para no dañar el pelo. La mayoría incluye bandas cruzadas en el vientre y fijaciones en el pecho y la cola.
Cuándo no usar manta de viaje
La manta de viaje puede ser contraproducente en días de calor intenso: un caballo cubierto con manta en un remolque cerrado en verano puede sobrecalentarse. En temperaturas superiores a 20-25°C, evalúa si el caballo realmente necesita la manta o si viaja mejor sin ella. Si el remolque tiene buena ventilación y el caballo no sale del trabajo, en verano puede prescindir de la manta sin problema.