El barro: el peor enemigo del casco en invierno
El barro ablanda la muralla y la suela del casco, reduciendo su resistencia a la penetración de bacterias y hongos. El caballo que pasa horas en barro tiene los cascos permanentemente húmedos y blandos, lo que favorece la putrefacción de la ranilla (frog rot o thrush) y puede favorecer la separación de la línea blanca. Reducir el tiempo en barro o crear zonas de suelo firme en el paddock es la medida más eficaz.
Muermo de la ranilla (thrush)
El muermo de la ranilla es una infección bacteriana (Fusobacterium necrophorum principalmente) de la ranilla del casco que se caracteriza por tejido negro, desintegrado y con olor fétido en los surcos laterales y central de la ranilla. Se desarrolla en condiciones de humedad excesiva y falta de limpieza de los cascos. El tratamiento consiste en limpiar bien el casco, recortar el tejido afectado, y aplicar antisépticos locales (yodo, cobre sulfato, productos comerciales específicos).
Limpieza diaria: la clave de la prevención
Limpiar los cascos con el escarbador de piel diariamente (o cada vez que el caballo vuelve al box) elimina el barro y la suciedad acumulada en los surcos y permite detectar a tiempo cualquier problema. Es una de las operaciones de mantenimiento más básicas y más importante durante el invierno.
Productos protectores
Las grasas de casco (lanolina, aceite de pezuña, productos comerciales de cera) crean una barrera que reduce la penetración de humedad en la muralla. Su uso regular durante el invierno ayuda a mantener la elasticidad y la resistencia del tejido córneo. Sin embargo, no deben aplicarse en exceso ni sobre cascos ya húmedos: se usan mejor cuando el casco está seco y limpio.