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Cómo limpiar los cascos de un caballo correctamente — Técnica, frecuencia y qué revisar

Limpiar los cascos es probablemente la actividad de mantenimiento más repetida en el cuidado del caballo, y también una de las más infravaloradas como herramienta de detección precoz. Un propietario que limpia los cascos a diario y los revisa con atención detectará un absceso naciente, un clavo suelto o los primeros signos de thrush antes de que el caballo empiece a cojear.

Herramientas necesarias para limpiar los cascos

Las herramientas básicas son: el gancho o lezna de cascos (el instrumento principal, con un extremo en punta curva para retirar el barro y los residuos de cama del surco de la ranilla y la comisura), un cepillo duro (para limpiar la pared exterior del casco y el tejuelo), y opcionalmente un cepillo más suave para limpiar la suela después de retirar los residuos gruesos. Algunas personas añaden una hoof pick con cepillo integrado, que es práctica para la rutina diaria. Para una limpieza completa ocasional puede usarse un cubo de agua y una esponja para fregar la suela y la pared.

Técnica correcta para limpiar el casco

Primero, levanta el casco del caballo de forma segura: posicionate de lado, agarra la caña (la parte del menudillo hacia abajo) con la mano exterior y flexiona la extremidad hacia atrás hasta que el caballo ceda el peso. En los posteriores, posicionate también de lado, nunca directamente detrás del caballo. Con el gancho, trabaja desde el talón hacia la pinza (nunca al revés, para no empujar residuos hacia dentro de la comisura de la ranilla). Limpia los dos surcos laterales de la ranilla con cuidado, eliminando todo el barro, paja, estiércol o residuos. Limpia también la comisura central si es profunda. Revisa la suela, los bordes de la herradura si el caballo está herrado, y la zona del tejuelo.

Qué revisar durante la limpieza

La limpieza diaria no es solo higiene: es inspección. En cada limpieza comprueba: si hay algún clavo de la herradura suelto o que sobresale (pasa el dedo por los clavos mientras tienes el casco levantado), si hay olor a podredumbre en la ranilla (señal de thrush), si hay alguna piedra o cuerpo extraño enclavado, si hay humedad o exudado inusual en la suela o en la comisura, si la temperatura de los cascos es elevada (calor excesivo puede indicar laminitis o absceso), si hay algún cambio en la coloración de la suela. Con el tiempo, aprendes a conocer los cascos de tu caballo y a detectar cualquier anomalía en segundos.

Con qué frecuencia hay que limpiar los cascos

La respuesta es siempre antes de montar y después de montar. Antes de montar, para retirar cualquier cuerpo extraño que pudiera lesionar al caballo durante el trabajo. Después de montar, para revisar el estado del casco tras el ejercicio (especialmente en suelo con piedras o en pistas). Idealmente, también por la mañana durante el manejo diario si el caballo pasa la noche en box (para evitar que el estiércol y la orina maceran el casco en la cama). En caballos de paddock permanente o en prado, la limpieza diaria es igualmente importante aunque el casco esté aparentemente más limpio.

Señales de alarma en los cascos que requieren veterinario o herrador

Llama al herrador o al veterinario si detectas: herradura suelta o clavos que sobresalen (el herrador, urgente); clavo clavado (un objeto punzante que ha atravesado la suela, emergencia veterinaria: no lo retires sin antes llamar al veterinario porque puede haber perforado estructuras internas); olor muy intenso a putrefacción con tejido gris oscuro en la ranilla (thrush avanzado, tratamiento veterinario o con productos específicos); calor y dolor en el casco que el caballo no apoya (posible absceso o laminitis, veterinario inmediato); ranura horizontal en la pared del casco que avanza desde la corona (línea de estrés, herrador para valorar); pared del casco que se descascarilla o rompe en trozos grandes (herrador para evaluar si necesita herrado de emergencia o tratamiento).