Norte y noroeste: clima atlántico
En Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, el clima húmedo y templado favorece las praderas de raigrás inglés (Lolium perenne) y raigrás italiano (Lolium multiflorum), que dan mucha producción pero requieren humedad constante. El trébol blanco como leguminosa acompañante aporta nitrógeno y mejora el valor nutritivo. Son praderas productivas que deben gestionarse con cuidado para evitar problemas de laminitis en primavera por el alto contenido en fructanos.
Centro y meseta: clima continental
En Castilla y León, Madrid, Extremadura y zonas del interior, los veranos secos e inviernos fríos exigen praderas más resistentes: la festuca alta (Festuca arundinacea) tolera bien la sequía estival y el frío invernal, y aguanta el pisoteo. El dáctilo (Dactylis glomerata) es otra opción resistente aunque tiene menor calidad nutritiva que el raigrás. Las praderas mixtas de gramíneas y leguminosas (alfalfa en zonas de regadío, trébol violeta en zonas más húmedas) son muy productivas.
Mediterráneo: clima seco
En las zonas más secas del Levante, Andalucía y el sureste, las praderas permanentes son difíciles de mantener sin riego. Las especies más resistentes a la sequía son la festuca alta, el raygrás de Bauer (Brachypodium) y algunas variedades de bermuda grass. Sin riego, muchas praderas mediterráneas están prácticamente secas en verano y el caballo debe depender del heno.
Praderas mixtas: la opción más recomendada
Para la mayoría de los propietarios de caballos, una pradera mixta de 3-4 especies (una gramínea de crecimiento rápido + una de crecimiento más lento y resistente + una leguminosa en pequeña proporción) proporciona producción escalonada durante más meses y mayor resiliencia ante condiciones adversas. Las mezclas comerciales "para caballos" disponibles en tiendas agrícolas suelen estar bien pensadas para cada región.