Evaluación visual: lo primero que miras
El color del heno da información inmediata: un verde intenso indica un heno fresco y bien conservado, con buen contenido en vitaminas liposolubles. Un heno muy amarillo o pardo puede ser viejo o mal curado. Sin embargo, el color no lo es todo: un heno pardo pero seco y con buen olor puede ser perfectamente adecuado, mientras que un heno verde pero húmedo es inaceptable. La presencia de polvo o moho (manchas blancas, negras o grises) es motivo de rechazo inmediato.
El olor: el indicador más fiable
Un buen heno huele a hierba seca, dulzón y limpio. Un heno con olor a moho, a tierra húmeda o a fermentación ácida está contaminado y no debe darse a los caballos. El moho en el heno produce esporas que el caballo inhala al comer, lo que puede causar o agravar el RAO (asma equina). Hundir la mano en un fardo y sacarla: si huele mal, el fardo entero probablemente está comprometido internamente aunque la parte exterior parezca bien.
La textura y el contenido vegetal
Un buen heno para caballos debe estar compuesto principalmente de gramíneas (festuca, raigrás, dáctilo) con tallos finos y hojas bien conservadas. La presencia de plantas espinosas, cardos, ortigas secas o plantas tóxicas es un problema. Los tallos muy gruesos y lignificados (señal de corte tardío) tienen menor digestibilidad y valor nutritivo. Las leguminosas (trébol, alfalfa) en pequeñas proporciones son aceptables, pero el heno de alfalfa pura tiene un perfil nutricional muy diferente al de gramíneas.
El análisis de laboratorio
Para usuarios de grandes cantidades de heno o para caballos con necesidades nutricionales específicas (atletas, yeguas gestantes), un análisis de laboratorio del heno (proteína bruta, fibra digestible, energía neta, azúcares solubles/NSC, minerales) permite ajustar la dieta con mucha mayor precisión. El coste de un análisis completo es de 40-80 € y puede evitar suplementaciones innecesarias o deficiencias.