Análisis de suelo: el punto de partida
Antes de fertilizar, conviene hacer un análisis de suelo (disponible en laboratorios agrónomos o a través de las oficinas de extensión agraria de cada comunidad autónoma, por unos 30-60 €). El análisis indica el pH del suelo, el contenido en materia orgánica, y los niveles de nitrógeno, fósforo, potasio, calcio y magnesio. Con esos datos, el técnico puede recomendar exactamente qué fertilizantes aplicar y en qué cantidad.
El pH del suelo: fundamental para la pradera
Las gramíneas de pradera (raigrás, dáctilo, festuca) prosperan en suelos con pH entre 6 y 7. Los suelos ácidos (pH < 5.5, frecuentes en el norte de España) deben encalarse con caliza agrícola o dolomita antes de fertilizar, ya que en suelos muy ácidos el fósforo y otros nutrientes no están disponibles para las plantas aunque estén presentes en el suelo.
Fertilizantes de uso común
Para el mantenimiento de praderas de caballos: abono nitrogenado (urea o nitrato amónico) en primavera para estimular el crecimiento, aplicado con suelo húmedo para favorecer la absorción; abono fosfórico y potásico en otoño para reforzar las raíces antes del invierno; y enmienda orgánica (estiércol compostado) cada 2-3 años para mejorar la estructura del suelo. El estiércol fresco no debe aplicarse en praderas donde el caballo vaya a pastar inmediatamente: esperar al menos 6-8 semanas.
Cuándo puede volver el caballo al pasto fertilizado
Tras la aplicación de fertilizantes nitrogenados o fosfóricos: esperar al menos 2-3 semanas y que haya llovido o regado para que el producto se haya disuelto e incorporado al suelo. Tras enmienda orgánica con estiércol: esperar 6-8 semanas mínimo. Las praderas recién sembradas no deben pástarse hasta que el pasto tenga al menos 15-20 cm de altura y esté bien arraigado.