Quantcast

Síndrome de Cushing (PPID) en caballos — Todo lo que debes saber

El PPID (Disfunción de la Pars Intermedia de la Pituitaria), comúnmente llamado síndrome de Cushing equino, es la enfermedad endocrina más frecuente en caballos y ponis mayores. Afecta especialmente a animales de más de 15 años y sus consecuencias son muy manejables si se detecta a tiempo.

¿Qué es el PPID?

El PPID es una enfermedad degenerativa de la glándula pituitaria (hipófisis) en la que las células de la pars intermedia proliferan de forma anormal y producen exceso de ACTH y otras hormonas derivadas de la proopiomelanocortina (POMC). El exceso de ACTH estimula las glándulas adrenales para producir más cortisol, lo que genera los síntomas clásicos del síndrome de Cushing. Se estima que más del 20% de los caballos mayores de 15 años tienen PPID, aunque muchos están en fases iniciales sin síntomas evidentes.

Síntomas

El signo más llamativo y característico es la hipertricosis: el caballo no muda el pelo en primavera y mantiene un pelaje largo, rizado y ensortijado durante todo el año. Otros síntomas frecuentes son: polidipsia y poliuria (bebe y orina mucho más de lo normal), pérdida de masa muscular (especialmente en el dorso y la grupa), vientre péndulo, sudoración excesiva, mayor susceptibilidad a las infecciones, retraso en la cicatrización de heridas, y laminitis recurrente que es especialmente grave en los casos de PPID.

Diagnóstico

La prueba más usada es la medición de ACTH en sangre, especialmente en otoño cuando los niveles son fisiológicamente más altos y la prueba es más sensible. La prueba de supresión con dexametasona es otra opción diagnóstica. Los umbrales diagnósticos de ACTH varían según la época del año (los niveles son más altos en otoño en todos los caballos, con o sin PPID).

Tratamiento

El tratamiento de elección es la pergolida (Prascend®), un agonista dopaminérgico que frena la actividad de la pars intermedia y reduce la producción excesiva de ACTH. El tratamiento es de por vida pero muy bien tolerado por la mayoría de los caballos. Con la dosis adecuada, la mayoría de los síntomas mejoran notablemente: el pelaje vuelve a mudar, la condición corporal mejora y la frecuencia de episodios de laminitis se reduce. Nunca cura la enfermedad pero la controla eficazmente.