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Botulismo en caballos — Una intoxicación grave a conocer

El botulismo equino es una intoxicación causada por las toxinas de Clostridium botulinum que afecta al sistema nervioso muscular del caballo. Aunque no es frecuente, es potencialmente mortal y su diagnóstico requiere un alto índice de sospecha.

¿Qué es el botulismo?

El botulismo está causado por las neurotoxinas de Clostridium botulinum, una bacteria anaerobia que produce las toxinas más potentes conocidas. En caballos, la intoxicación puede ocurrir por tres vías: la ingestión de alimentos contaminados con toxina preformada (toxi-infección alimentaria), la ingestión de esporas que germinan en el intestino y producen toxina in situ (toxico-infección intestinal, más frecuente en potros — "shaker foal syndrome"), y la infección de heridas con C. botulinum (botulismo de heridas, raro).

El henolaje mal fermentado: principal fuente de riesgo

El henolaje (haylage, hierba ensilada) con un pH de fermentación incorrecto (pH > 4,5) no inhibe el crecimiento de C. botulinum. Si hay restos de tierra, animales muertos o materia en descomposición en el henolaje, el riesgo de contaminación con esporas o toxina aumenta enormemente. Esta es la fuente más frecuente de botulismo en caballos adultos en Europa.

Síntomas

La toxina botulínica bloquea la liberación de acetilcolina en las uniones neuromusculares, causando parálisis flácida progresiva. Los síntomas iniciales incluyen: disfagia (dificultad para tragar, el caballo babea, deja caer la comida o la agua), debilidad muscular generalizada, temblores musculares, dificultad para levantarse o postración progresiva, y en los casos más graves, parálisis respiratoria y muerte. La progresión puede ser muy rápida.

Tratamiento y prevención

El tratamiento es principalmente de soporte (fluidoterapia, alimentación por sonda, cuidados intensivos) y, si está disponible, la antitoxina botulínica. En España la antitoxina no es de fácil acceso. La vacunación (disponible en algunos países como EE.UU.) protege contra el tipo B, el más frecuente en equinos. En España, controlar la calidad del henolaje (pH correcto, sin contaminaciones) es la mejor prevención.