El caballo como animal social altamente sensible
Los caballos han evolucionado durante millones de años en manadas donde la comunicación precisa y rápida entre individuos era vital para la supervivencia. Gran parte de esa comunicación es postural y muscular, no sonora. Esta habilidad ancestral les hace extraordinariamente sensibles a los cambios en la postura y el tono muscular de los seres que están cerca de ellos, incluidos los humanos.
La tensión muscular: el primer idioma
El caballo detecta la tensión en el cuerpo del jinete antes de que el jinete haga nada consciente. Un jinete que siente miedo tensa inconscientemente los glúteos, las piernas y los brazos. El caballo interpreta esa tensión como señal de alarma: si el ser que está sobre él se tensa, debe haber algo que temer. El resultado es que el caballo se pone alerta o nervioso, lo que aumenta el miedo del jinete, que se tensa más... Es un círculo vicioso que solo se rompe cuando el jinete aprende a relajar conscientemente su cuerpo.
La respiración: el regulador emocional
Muchos instructores hablan de "respirar al caballo": exhalar conscientemente en el momento en que quieres que el caballo se relaje o transite a un movimiento más tranquilo. El caballo percibe la respiración del jinete (el movimiento del diafragma afecta a la posición del asiento) y responde a una respiración tranquila y profunda con mayor relajación. Es también uno de los mejores reguladores del estrés del propio jinete.
La mirada y la dirección del cuerpo
El caballo responde a donde mira el jinete. Mirar hacia el punto donde quieres ir orienta sutilmente los hombros y el peso del asiento en esa dirección, y el caballo lo percibe. Los jinetes experimentados "guían con la mirada": miran el obstáculo siguiente antes de llegar al actual, y el caballo lo sabe.