La larga cambiada
La larga cambiada es una de las figuras más espectaculares del rejoneo y de las más difíciles de ejecutar. El rejoneador cita al toro en línea recta, y en el momento en que el animal embiste, el caballo cambia de dirección en el último instante realizando un giro sobre los cuartos traseros que deja al toro pasando por el lado contrario. Es el momento de mayor riesgo y mayor lucimiento simultáneo: la distancia entre el caballo y los pitones del toro puede ser de centímetros.
El recorte
El recorte es un movimiento en el que el caballo quiebra el toro (cambia de dirección bruscamente) sin instrumento: ni capa ni rejón, solo la presencia del caballo y la conducción del rejoneador. Mide la confianza del caballo ante el toro y la precisión del jinete en el manejo. Un buen recorte ceñido demuestra que el caballo está completamente entregado y que el rejoneador lo domina con perfección.
El galope de costado (trabajo de piñas)
El trabajo de piñas consiste en galpar lateralmente hacia el toro, mostrando el costado del caballo en lugar de la cabeza. Sirve para colocar al toro en la posición correcta para clavar un rejón o unas banderillas, y requiere un caballo que acepte tener al toro a su lado sin huir. Técnicamente exige un galope de costado muy controlado que se trabaja durante años en el entrenamiento del caballo de rejoneo.
Las banderillas a caballo
Clavar las banderillas a caballo es una de las partes más vistosas de la corrida de rejoneo. El rejoneador lleva las banderillas en ambas manos, cita al toro, entra en la distancia justa y las clava en el morrillo mientras el caballo pasa rozando los pitones. Se requiere una sincronización perfecta entre el jinete y el caballo, y un animal absolutamente seguro ante el toro.
El rejonazo de muerte
El rejón de muerte es el instrumento con el que el rejoneador pone fin a la corrida. Sustituye a la espada del torero de a pie. El caballo debe realizar una entrada frontal al toro, cruzando sobre él para que el rejoneador pueda colocar el rejón en el punto exacto. Es el momento cumbre y más peligroso de la actuación para el caballo, que debe entrar directamente hacia los cuernos del toro.